A confesión de parte... (confesiones de los gobernantes madrileños y de sus acólitos vascos que corroboran nuestra interpretación)
reproduce el texto del capítulo 11 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
11.2. El precedente de la intervención del Gobierno de Madrid en la "escisión Ormaza" de 1979-80.
La "teoría conspiratoria" de la Historia es una estupidez. La explicación de la Historia a partir de la eficacia de unos ocultos centros de poder que mueven los hilos en la sombra, el estilo aberrante de las intoxicaciones cuyo modelo es "Los Protocolos de los Sabios de Sión", es un absurdo que olvida la importancia telúrica, casi geológica, de los movimientos espontáneos de los hechos sociales de masa que tienen influencia decisiva en la corriente profunda de la Historia. Pero tan absurdo como olvidar la importancia de esos movimientos espontáneos de los hechos sociales de masas (en el caso de la Euskadi del tercer cuarto del siglo XX la industrialización redoblada de Vizcaya y Guipúzcoa, la industrialización celérica de Navarra y Alava, la inmigración de cientos de miles de personas desde fuera de Euskadi, la urbanización acelerada que construye en treinta años –1950-1981 –más del doble de las viviendas acumuladas por toda la Historia en el País Vasco y convierte a Euskadi en una conurbación gigantesca, en una Ciudad Industrial conurbada que engloba el 94% de los vascos, p.e.) es ignorar la importancia de la sucesión de los acontecimientos en la que intervienen el azar y las personalidades individuales. O ignorar la influencia consciente y deliberada que los "servicios secretos" de las grandes potencias intentan tener en esa sucesión de los acontecimientos. La probada –ante el Senado norteamericano –influencia de la acción de la CIA en la conspiración que cuajó en el golpe chileno contra el régimen de Salvador Allende es un ejemplo paradigmático.
Lo difícil es saber combinar la evitación del riesgo de la "teoría conspiratoria" y la correcta evaluación de las reales conspiraciones que han aspirado a jugar un papel decisorio en la sucesión de los acontecimientos que se examinan.
Nuestro propósito en este momento es muy concreto. Nos limitamos a querer dejar constancia de que, antes de la actual escisión del PNV hubo otra (la de Ormaza y los bermeanos) en 1979-80 en la que parece probado que hubo intervención del Gobierno de Madrid (entonces de UCD) y en la que aparecen suficientes trazas de hilos sueltos relacionados con los servicios secretos norteamericanos. Este libro no es una investigación periodística ni policíaca. No pretendemos averiguar "lo que pasó". El hecho histórico que necesitamos comprobar (porque es pieza para nuestra formulación prospectiva sobre la escisión del PNV) es, simplemente, que el gobierno de Madrid no se limitó a desear la división del PNV para seguir el viejo consejo ("divide y vencerás") sino que actuó y planificó para que esa división se produjera. Es ese hecho (y no el detalle de "lo que pasó") el que nos va a ayudar a formular racionalmente una prospectiva sobre la actual escisión del PNV.
Gregorio Morán, en su libro Los españoles que dejaron de serlo. Euskadi, 1937-1981 (Barcelona, Editorial Planeta, 1982) ha dado la siguiente versión:
"La batalla entre ambos duró hasta 1980, y sus efectos perduran aún y perdurarán bastante tiempo. La ganó Arzalluz en dos planos: el interior del partido y el de la estrategia política. Ahora bien, toda pelea obliga a los contendientes, incluso al vencedor, a dejarse plumas sobre el campo, y Arzalluz hubo de dejar algunas.
En diciembre de 1979 Arzalluz salía elegido miembro del Comité Ejecutivo del PNV, dejando fuera a Antón Ormaza y a sus partidarios. La pelea tuvo tal entidad que intervinieron en ella personajes y personajillos de la vida política madrileña y tuvo una actitud nada desdeñable, en orden a su importancia, el propio Gobierno de Madrid.
¿Cómo un hombre del estilo de Antón Ormaza, de honestidad indudable y que había planteado en 1977 en la reunión del EBB de Iruñea (Pamplona) la introducción de una cláusula secreta en el PNV, según la cual se defendería la lucha por la independencia de Euskadi, tuvo apoyos tan poco naturales como el vasco-norteamerica Antón de Irala y su grupo antimarxista Goiz Argi,, el de asesores de la Moncloa madrileña como Daniel Busturia, sindicalistas como Juan Beitia y empresarios de Alianza Popular?
Creo que los unía el enemigo, no la estrategia. Les unía lo que representaba Arzalluz. Aspectos personales aparte, la política apenas iniciada del sucesor de Juan Ajuriaguerra tendía a ocupar un espacio político que limitaría las posibilidades de otros partidos y evitaría introducir el nacionalismo vasco en el ghetto que le habían asignado en el "libreto" de la reforma democrática.
Eliminar a Xabier Arzalluz se convirtió, durante los años 1979 y 1980, en el deporte favorito de un sector del nacionalismo vasco, de la totalidad de la oligarquía vasca y del Gobierno de Madrid. Arzalluz tuvo a su favor las limitaciones políticas del adversario Ormaza y la impulsiva reacción de la base peneuvista, que apoya a la dirección del partido por disciplina y que tiende a defender, como si afectara a uno de su familia, todo intento que venga desde Madrid y que pueda afecta a "su partido".
El resultado esperanzador del PNV en las elecciones de junio de 1977, después de soportar durante años la imagen de que su época había pasado, impulsó a ciertos sectores que se ubicaban en posiciones de centro derecha, tanto en el terreno sindical como en el político a integrarse en el PNV. Esta es la historia del grupo denominado "eladio", escisión sindicalista y socialdemócrata de los sindicatos nacionalistas ELA-STV. En 1978 treinta hombre, de quienes los más representativos son Juan Beitia y el hijo de Antón Ormaza, Ruper, ingresaron en el PNV. Previamente este grupo "eladio" obtuvo algún predicamento gracias al apoyo explícito del empresario Luis Olarra y del último ministro de los Sindicatos Verticales, García Ramal, que permitió registrar a los "eladios" y al órgano Landeya en los prolegómenos de la transición. Su "sindicato" se conocía con las siglas tradicionales de ELA, añadiendo una "A" (Askatuta, libertad). Es posible que ni ellos mismos estuvieran al tanto de la instrumentalización a que les sometió algún emisario de Madrid, en especial José Meliá, que conocía a los "eladios" cuando él patrocinaba la opción socialdemócrata en Euskadi, con productos periodísticos -el semanario Garaia – y políticos (ESB, Unidad Socialista de Euskadi).
El empresario Luis Olarra también ejerció su mecenazgo con el grupo ELA (A). Olarrra sirvió de intermediario a varias operaciones políticas de neutralización del nacionalismo vaco, que iban desde la repetición de la vuelta de Tarradellas a Cataluña en olor de multitudes, que se intentó con el lehendakari Leizaola y que el PNV abortó, hasta los enfrentamientos por el control de las organizaciones empresariales vascas, en las que Olarra y el PNV han protagonizado luchas intestinas sin que hasta el momento haya un vencedor absoluto; reflejo todo ello del conflicto y el interés del PNV por dominar las diversas facetas de la vida vasca, que choca con importantes frenos y en el que ha demostrado una torpeza singular.
Dentro de esta historia en letra pequeña, cuyas consecuencias no pueden subvalorarse, aparecieron a mediados del año 1980 unos informes atribuidos al asesor de UCD Daniel Busturia y que, encargados por Antonio Fontán, esbozaban una estrategia del Estado hacia el PNV. Consistía en aliarse con los independentistas de Antón Ormaza con el fin de debilitar al PNV a costa de potenciar incluso a Herri Batasuna, la coalición próxima a ETA (militar), pero que a la larga se juzgaba un enemigo fácilmente asimilable. Las obsesiones de UCD se dirigían contra el nacionalismo de Arzalluz y el abertzalismo marxista de Euskadiko Ezkerra, cuyo proceso de ampliación había que cerrar. UCD, desde Madrid, ha considerado, hasta fechas reciente que el peligro procedía de las alternativas socialistas de Euskadiko Ezkerra y de la potencialidad de un PNV que ocupara un espectro bastante más amplio que el de nacionalismo de "casheros" y emakumes (mujeres vascas) devotas de San Miguel. El abanico formado por Luis Olarra y algunos partidos como UCD, muy dados a las jugadas a cuatro bandas de resultado incierto hasta el momento, se puede decir que ha fracasado.
Arzalluz, presidente del comité Ejecutivo del PNV, hubo de dejarse algunas plumas por la presión "sabiniana" de un lado, y la institucional de otro, poniendo en sordina las corrientes más progresistas por temor a que las acusaciones de "infiltración marxista" en el partido penetraran en la base. Kepa Sodupe, economista cuya influencia en Juan Ajuriaguerra es consustancial a los últimos años del líder peneuvista, hubo de retirarse ante la campaña que se desató contra él, juzgando su ponencia económica en la asamblea de Pamplona como "demasiado progresista" por los "sabinianos". En el grupo de Ormaza, los "sabinianos", figuraban al lado de hombre más "avanzados" como Beitia o Fresnedo (en el movimiento sindical), otros como Josu Arenaza, de probada fidelidad a los Estados Unidos, alma mater de la revista euskerika Agur, en la que apoyó la política de los Estado Unidos en Vietnam en el momento que los norteamericanos abandonaban Saigón. Las presiones de diverso signo reforzaron en la dirección oficial del PNV el carácter confesional y conservador" (224).
En el mes de mayo de 1982 la revista del PNV Euzkadi publica una serie de amplios reportajes sobre la "operación Ormaza". En el número 33 (de fecha 14.5.1982) se le dedican al tema 22 páginas (de la 12 a la 33). La primera parte, firmada por Miguel Diaz-Tola (página 12 a 18) lleva el truculento título de "Operación Ormaza", la hidra de mil cabezas. Y finaliza así:
"¿Qué hay detrás de todo esto?
Una historia larga y llena de penosos y tristes sucesos. Fueron tantas las circunstancias que rodearon este asalto al poder que hoy los nacionalistas de siempre se preguntan la causa de toda la operación.
Pese a los estudios y trabajos realizados no se puede afirmar todavía, tajantemente, donde estuvo la raíz primigenia. Sin embargo, a modo de ejemplo, éstas pueden ser algunas anécdotas que acompañan e ilustran la ambición del llamado grupo Ormaza.
Las conexiones de personas como Juantxu Beitia con la central sindical ELA-STV (A) parecían claras y evidentes. Las conexiones con el grupo (Goiz-Argi), también eran totales, al igual que las conexiones con Antón Irala, hombre de sospechosa procedencia vinculado a la C.I.A. ¿Qué es lo que había detrás de toda esta gente?
Se decía, por aquel entonces que Luis Olarra financiaba ELA (A). Hoy parece claro a los ojos de todos que Olarra era una simple tapadera en la financiación de estas pretensiones. Pero, ¿Dónde se quedan figuras como las de Joseba Emaldi y sus actividades con grupos operativos internacionales? Nosotros ni afirmamos ni negamos las conexiones de algunas personas de éstas con la CIA por ejemplo. Los hilos son tan nebulosos que tampoco se puede afirmar tajantemente esa vinculación. Sin embargo, hoy, con el reposo del tiempo transcurrido puede afirmarse categóricamente que en toda operación Ormaza no había nada limpio. Y así intentaremos demostrarlo en los informes que tenemos y sus contactos con Madrid. Muchos tendrán que justificar sus acciones, pero es interés de "Euzkadi", el dejar, de una vez por todas, los suficientemente transparente el terreno como para que hechos como éstos no vuelvan a repetirse."
El n º 35 de Euzkadi (de fecha 28 de mayo de 1982) publica otra entrega del serial "Operación Ormaza", la hidra de mil cabezas. En portada figura un espectacular titular ("querían romper Euzkadi") y la fotografía de las portadas de tres documentos mecanografiados. Con estos títulos y fechas.
Los dos primeros llevan una firma en iniciales (D.B.) que Miguel Diaz-Tola (el autor del serial de Euzkadi) identifica como Daniel Busturia. Se trata de los documentos mencionados por Gregorio Morán, que éste afirma ser "informes atribuidos al asesor de UCD Daniel Busturia y que encargados por Antonio Fontán (Ministro a la sazón de Administración Territorial), esbozaban una estrategia del estado hacia el PNV". Diaz-Tola afirma en el n º 35 de Euzkadi que el informe de 1981 "no lleva firma, aunque se corresponde con otros dos trabajos anteriores que por las mismas vías y hasta los mismos destinos se habían hecho llegar en marzo de 1979".
Díaz-Tola subraya con negritas un párrafo del documento de 1981. Hace bien en usar las negritas porque el párrafo es sobremanera interesante:
"El PNV –afirma el documento – no puede ser moderado y radical a la vez. A Euskadiko Ezkerra se le ve demasiado el juego y tiene intereses paralelos. Si se modera el PNV es preciso tener preparada una estructura de acogida y salida política para el nacionalismo duro, evitando lo que ha sucedido en estos últimos años. La inoperancia y ambigüedad del PNV ha potenciado a HB y a ETA-m. Ahora es demasiado tarde para radicalizar al PNV y menos teniendo a su frente a Arzalluz. El nacionalismo duro no le admite. El único camino, quizá fuera un intento de encauzamiento del nacionalismo radical a través de Antón Ormaza o de algún otro líder. Una primera operación podrá haber consistido en que Ormaza, por ejemplo, fuese el senador en reemplazo de Julio Jáuregui y esto con el apoyo directo o indirecto de HB. A partir de ahí se podría haber instrumentado una operación de catalización del nacionalismo duro. Esta operación es, sin embargo, imposible porque el PNV no aceptará la designación de Ormaza como senador".
(EUZKADI n º 35, página 11)
A renglón seguido de ese párrafo Díaz-Tola identifica como su autor a Busturia, señala que los documentos se han entregado a Fontán y afirma que el entonces vicepresidente del Gobierno Abril Martorell tenía consejeros personales que mantenían estrechas relaciones con Daniel Busturia, incardinado en el "staff" de Calvo Sotelo. Añadiendo que:
"La alternativa" –decía el trabajo, que obra en nuestro poder – es la radicalización de PNV, pero eso pasaría por la exclusión de Arzalluz".
No vamos a insistir aquí en este tema. Ni siquiera vamos a comentar el hecho de que en la actual escisión del PNV Ormaza y el grupo de Irala se hayan incorporado a Eusko Alkartasuna. Si fuéramos proclives a la "teoría conspiratoria" de la Historia apuntaríamos la posibilidad de la intervención del "amigo americano" en la escisión del PNV por dos vías simultáneas: la del Gobierno del PSOE actuando sobre la fracción Arzalluz y la del agente Irala actuando sobre la fracción Garaikoetxea.
Pero ya hemos advertido antes sobre la frivolidad de la "teoría conspiratoria" de la Historia. Lo que aquí nos importa es la evidencia de que los sucesivos Gobiernos postfranquistas españoles han contemplado (en el caso de que sólo haya sido eso: contemplar) la división del PNV como parte de la estrategia del Estado español en Euskadi.
Y nos importa porque viene a avalar la calidad del análisis dialéctico de la estrategia del bloque de clases español respecto de Euskadi escrito por Javier ORONOZ en 1979 y publicado en 1980. Análisis que asumimos y que utilizamos como elemento para el intento de análisis prospectivo sobre la escisión del PNV que vamos a hacer en el próximo capítulo.
NOTAS AL CAPITULO 9:
(223) Juan Aranzadi: "Sangre simbólica. Raíces semióticas de la violencia etarra", en IDEAS Y DEBATE n º 2 (año 1985), páginas 225 a 227.
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(224) Gregorio Moran: Los españoles que dejaron de serlo. Euskadi 1937-1981, en Barcelona, Editorial Planeta, 1982, páginas 390 a 392.
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